Vanessa Vera

Vanessa Vera
Menos gente influyente y más gente edificante

José Enrique Olivera

José Enrique Olivera
El día en que el PRI dinosaurio perdió el juicio

César Coronel Garcés

César Coronel Garcés
¿Qué es la libertad?

Octavio Islas

Octavio Islas
El peso del voto juvenil: que definirá la elección

Stuttgart 21 y los límites de la democracia representativa / Geraldina González de la Vega

martes, 19 de octubre de 2010

El año pasado, en el marco de las elecciones generales, los analistas comentaban el cansancio democrático que se vivía en Alemania, la apatía de muchos y la indiferencia de otros que se traduce normalmente en bajos porcentajes de ciudadanos que acuden a las urnas. El porcentaje de participación rondó el 70% y fue el más bajo de la historia reciente de Alemania, de ellos el 29% votó nulo. Parte de este voto nulo es conocido con el nombre de Nichtwähler (el que no vota) es un movimiento muy parecido al mexicano de 2006, en el que se llama a los ciudadanos a tachar toda su boleta para mostrar su rechazo hacia los partidos políticos y el sistema político alemán (sobre esto ver mi nota acá).

Esta apatía se ha perdido, al menos en la ciudad sureña de Stuttgart en el estado de Baden-Württenberg, con el comienzo de la construcción del proyecto conocido como Stuttgart 21 que forma parte del gran proyecto Estación Ferroviaria 21 (Bahnhof 21). Durante el último mes, el número de personas que salen a las calles ha aumentado de forma espectacular, y no sólo los números que ya han llegado a los 150,000 según los organizadores, sino los quienes, pues se han unido a las marchas votantes conservadores, abuelitas, madres de familia o profesores, es decir, la clase media y el típico votante de la CDU.

Lamentablemente el pasado 30 de septiembre una de las marchas acabó muy mal, pues para el 1 de octubre estaba planeada la primera tala de árboles, que es una de las cuestiones más controvertidas del proyecto, para evitarlo, hubo un bloqueo por parte de miles de opositores y el gobierno de Stuttgart simplemente optó por la represión. El chiste que ronda las redes sociales desde el martes se refiere a la violencia que la policía de Stuttgart empleó en contra de ciudadanos que se demostraban de forma pacífica: “¿Por qué creen que Alemania logró el lugar en el Consejo de Seguridad de la ONU? Pues porque China y Rusia vieron la reacción de la policía de Stuttgart el 30.09. y dieron su visto bueno.” Las imágenes del enfrentamiento son tremendas, la policía reaccionó exageradamente con tanques antimotines, gases pimienta y macanas, se dice que los paramédicos atendieron a cientos de personas heridas, entre ellos adolescentes y viejos, esto evidentemente enojó a quienes no se habían decidido y a quienes, a pesar de estar contra el proyecto, no habían salido a las calles a las “marchas de lunes” que se han llevado a cabo semana tras semana desde finales de 2009. Y es que el problema aquí ya no es 100% el proyecto Stuttgart 21, sino la legitimidad democrática de una decisión tomada por representantes electos, pero con la que más del 60% no está de acuerdo.

Un breve recuento:

En 1994 se presentó un proyecto conocido como Estación Ferroviaria 21 (Bahnhof 21) financiado por el Gobierno alemán, la empresa Deutsche Bahn AG, el estado de Baden-Württemberg, la región de Stuttgart y la ciudad de Stuttgart. Este proyecto forma parte de la Red Transeuropea pues conectaría a París con Budapest, pasando por Estrasburgo, Karlsruhe, Stuttgart, Ulm, Munich, Viena y Bratislava. El proyecto Bahnhof 21 ha ido creciendo para mejorar los servicios ferroviarios de Stuttgart, Neu-Ulm, Saarbrücken. Así como Mannheim, Magdeburg, Frankfurt am Main, Munich y Lindau. Concretamente el proyecto Stuttgart 21 se presentó y planeó desde 1994, y en él se proyecta “mudar bajo tierra” la estación central de la ciudad para con ello liberar al centro del tráfico ferroviario y hacerlo mucho más eficiente. El proyecto Bahnhof 21 se ha dividido en: Neu-Ulm 21 y Saarbrücken 21 que ya han concluído; Stuttgart 21 y Magdeburg 21 que se encuentran en proceso; Lindau 21 que está planeado para los próximos años; y los proyectos Frankfurt 21 y München 21 que han sido suspendidos por motivos financieros, así como el Mannheim 21 que ha sido pospuesto.

En 1997 el gobierno local de Stuttgart llevó a cabo una asamblea ciudadana para presentar y discutir con la opinión pública diversos aspectos del proyecto. En ésta varios ciudadanos demostraron su oposición y el proyecto recibió muchas críticas. Desde entonces, se solicitó que se sometiera a referéndum, pero nunca se hizo. 10 años después, en noviembre de 2007, se presentaron 67,000 firmas en contra del proyecto, solicitando que se sometiera a la voluntad popular la decisión de que “la capital del estado de Baden-Württenberg (Stuttgart) abandone el proyecto Stuttgart 21”. En diciembre, el cabildo de la ciudad falló en contra de la propuesta con 45 votos de 60, con la justificación de que sería ilegal realizarlo. Y es éste el reto principal del problema Stuttgart 21, pues a pesar de que hoy la gran mayoría de ciudadanos estén en contra, el proyecto ya no puede ser sometido a referéndum por los plazos que la legislación establece, pues la decisión fue tomada por el Ayuntamiento en 1995 y después complementada en 2001. Según la Ley Orgánica de Municipios de Baden-Württenberg, un referéndum puede ser solicitado dentro de las seis semanas siguientes a que el cabildo tome la decisión que pretende ser sometida a la consulta popular. Por otro lado, la solicitud, aunque estuviera a tiempo, sería contraria a la ley, pues busca la revocación de una decisión ya vigente y sobre la cual el cabildo ya destinó recursos y fijó presupuesto. Además no cabe la posibilidad de realizar un referéndum contra un derecho legítimo de construcción.

Desde entonces opositores al proyecto Stuttgart 21 han intentado todo ante el Gobierno del estado, así como ante el Ayuntamiento de la ciudad, sin éxito. En su campaña de 2004 el alcalde reelecto, Wolfgang Schuster de la CDU, prometió apoyar el referéndum sólo si se demostraba que los costos del proyecto –para la ciudad- rebasarían los cientos de millones. Sin embargo, habló de que las iniciativas ciudadanas estaban fundadas en una campaña del miedo tras la cual se encuentran intereses políticos.

Para las elecciones municipales de junio de 2009, en las que Schuster nuevamente ganó, el 39% de los encuestados declaró que su voto había sido influído por el proyecto, 54% de los encuestados dijeron rechazar el proyecto. Evidentemente, como ya hablábamos de árboles y áreas verdes, el partido verde (die Grünen) está totalmente en contra del Stuttgart 21, pero aún así, su candidato a alcalde no ganó, pero sí logró 16 asientos en el Consejo del Ayuntamiento, consolidándose como la fracción con más fuerza. La CDU de Merkel perdió 6 de sus 21 asientos, el SPD perdió 4 de los 14 que tenía. De esta forma el gobierno de la ciudad de Stuttgart, aunque se encuentra en manos del CDU desde 1975, debe contar en gran medida con el apoyo de los Verdes.

Desde noviembre de 2009 se realizan las “marchas de lunes” bajo el lema “nosotros somos la mayoría” (Wir sind die Mehrheit) en una evidente relación con las llamadasMontagsdemonstrationen de Leipzig en 1989 y donde el lema era “nosotros somos el pueblo” (Wir sind das Volk) que una vez caído el Muro, se convirtió en “nosotros somos un pueblo” (Wir sind ein Volk), y es que los ciudadanos de Stuttgart reclaman precisamente que ellos, el pueblo, no están de acuerdo con la decisión y que en una democracia, deberían ser escuchados. Por la parte del Ayuntamiento, del Gobierno de Baden-Württemberg y del Gobierno Federal, la respuesta es que las decisiones sobre el proyecto se tomaron después de más de 170 sesiones del Cabildo y que fueron tomadas por representantes electos con mayorías calificadas, y que por ello son democráticas y legítimas. La parte que apoya el proyecto tiene dos argumentos fuertes: la decisión es legal y legítima, la democracia no puede ser separada del Estado de Derecho.

Los trabajos del proyecto comenzaron en febrero de 2010, a la colocación de la “primera piedra” acudieron varias figuras políticas, principalmente de la CDU. Asistieron unos 2000 opositores. Para verano los números fueron aumentando ante la inminencia de que serían talados más de 200 árboles del parque del Castillo de Stuttgart y la “verdad escondida” de que el proyecto acabaría vaciando las bolsas de los suabos, de quienes además se dice, “son muy codos.”Actualmente se dice que el proyecto costará unos 4mil millones de euros -unos 100 millones para la ciudad de Stuttgart-, pero los opositores aseguran que costará mucho más caro, y dada la austeridad por la crisis financiera, los ánimos se avivan.

Desde entonces la noticia ha pasado de un recuadro en los diarios a los titulares y los temas de los talks shows políticos y programas de investigación.

En julio comenzó la demolición del ala norte de la actual estación ferroviaria, edificio de la década de los veintes que se encuentra a un lado de la plaza del Castillo (Schlossplatz) una de las principales del centro de Stuttgart. En mayo, el nieto del arquitecto de la estación, Peter Dübbers, demandó la propiedad intelectual del edificio, pero perdió. Otra de las razones de la oposición es la antigüedad del edificio, y su valor histórico, ¡sobrevivió la Segunda Guerra Mundial! La estación central de Stuttgart es un monumento histórico protegido. Para impedir la demolición, se formaron cadenas de personas que lo rodeaban, aún así el ala norte ha sido derribada. De acuerdo con directivos del proyecto, la estación no será derribada, solamente lo serán las alas norte y sur para posibilitar el tráfico desde la estación.

Las otras preocupaciones de los opositores son el medio ambiente, en especial el ecosistema del parque del Castillo; los costos de la obra y la duración de ésta; así como la modificación del centro histórico de Stuttgart, entre otras. Quienes apoyan el proyecto plantean la eficiencia que tendría la red ferroviaria, lo que evidentemente tendría efectos en la economía; la creación de puestos de trabajo, viviendas y mayores areas verdes; la posibilidad de unir el parque del Castillo y el barrio Rosenstein (antes parte del parque) que hoy se encuentra dividido por las vías del tren. Entre otras.

Perdidas las batallas legales, no queda otra más que la lucha en las calles. Los bloqueos y marchas se hicieron cada vez más grandes y más violentos, hasta que el 30 de septiembre la cosa acabó muy mal. Para poder realizar una marcha o en general ejercitar el derecho de reunión al aire libre, en Alemania es indispensable dar aviso a las autoridades al menos 48 horas antes y recibir un permiso de la policía. Por lo tanto se sabía de cada demostración, y se sabía que en ellas participaban niños y adolescentes en edad escolar. El 1 de octubre estaba planeado comenzar con la tala de árboles, para evitarlo, miles realizaron un bloqueo, y sí, como hemos visto en otras marchas, se abrazaron a los troncos de los abedules y hayas. El Gobierno de Baden –Württenberg pidió apoyo a las policías de los estados vecinos para desalojar el parque, para ello, hicieron uso de una violencia inecesaria e inesperada. Como arriba adelantaba, la policía se avalanzó con tanquetas antimotines, gas lacrimógeno y macanas, usando como pretexto que los demostrantes les lanzaron piedras. Según los manifestantes unas 400 personas resultaron heridas, sobre todo en los ojos por el uso del gas. La gran mayoría de los heridos, eran menores y estudiantes. Mientras escribo esto me entero que Dietrich Wagner, “el abuelo de las demostraciones”, el pensionado cuya fotografía con la cara ensangrentada se convirtió en el ícono de la represión, ha quedado ciego.

Consecuencias políticas:

La reacción de los partidos de oposición no se hizo esperar, en el Bundestag una de las líderes del partido Verde, Renate Künast estimó el uso de la fuerza como un error: “la policía está siendo usada para solventar los déficits democráticos. Eso ya lo vemos vivido en Alemania. De esta forma no se resuelve ningun problema, al contrario, los problemas aumentan, se vuelven más complicados y de esta forma se cavan zanjas entre los gobernantes y los gobernados.” Künast enseguida responsabilizó a Angela Merkel “por hacer uso de macanas y gas irritante contra niños y adolescentes.” A pesar de que juristas han visto justificación en la intervención policial, pues los manifestantes invadieron propiedad privada y bloquearon entradas a sitios de construcción, la realidad es que desde mi punto de vista el uso de la fuerza era inecesaria, la relación entre el fin y los medios es desproporcionada. Se ha llamado de ambos lados y por intermediarios, como la Iglesia, al diálogo; pero de poco ha servido. La distancia entre gobernantes y gobernados es cada vez mayor.

El gobierno de Angela Merkel se encuentra desbordado por el momento pues a la crisis financiera, a la política de ayudas para el desempleo (Hartz IV) y la polémica por su política energética (ampliación de plantas de energía nuclear), se le suma ahora el problema de Stuttgart que se aprecia desde diversos ángulos, pero todos benefician a la oposición. Esta crisis que en verano estaba focalizada en el sur, ha ido desplazándose hasta Berlín y amenaza con tirar a Merkel al menos de la posición como presidenta de su partido. En marzo de 2011 el estado de Baden-Württenberg tendrá llamado a las urnas, y el actual gobernador, Stefan Mappus de la CDU de Merkel, se las verá negras. La Canciller, durante su discurso en el Bundestag a propósito del debate para el presupuesto, se posicionó a favor del Stuttgart 21 y temerariamente calificó como un reférendum para el proyecto la elección de marzo: “se decidirá en las urnas (de la elección local)” -dijo, ya veremos si esta afirmación no se convierte en su harakiri político, pues se dice que en caso de perder Baden-Württenberg, Merkel y el vicecanciller, Guido Westerwelle, podrían ir haciendo sus maletas. Este estado es gobernado por la CDU desde 1952, perderlo significaría la debacle para Merkel. Aún así le concedo razón cuando dijo en septiembre que “no puede trabajarse conjuntamente en Europa cuando la política se determina dependiendo de cuántas personas hay en las calles”, palabras que fueron duramente criticadas por representantes del SPD y de los Verdes. El tema de los medios de democracia directa es un tabú a nivel federal, mientras que a nivel local goza de más aceptación. Hace unos meses Baviera logró por esa vía una prohibición total para el consumo de tabaco en lugares públicos. Aún así, el Stuttgart 21 ha abierto la caja de pandora, y se habla a nivel federal de las ventajas de la democracia directa. La misma ex-presidenta del Tribunal Constitucional, Jutta Limbach publicó una nota sobre el tema en la revista Cícero. Se especula que en las filas de la CDU y su hermana bávara, la CSU, se cocina un complot en contra de la Canciller, y el favorito para sustituirla, como Canciller, es Karl-Theodor zu Guttenberg, de 38 años. También se habla de Roland Koch y de Ursula von der Leyen.

Un dato: en abril de 2005 el partido del entonces Canciller, Gerhard Schröder, el Socialdemócrata (SPD), perdió el estado de Nord-Rhein Westfalen, gobernado entre 1966 y 2005 por su partido. Debido a esta debacle, Schröder presentó una cuestión de confianza en el Bundestag, la cual fue negociada previamente con su partido y su socio, los Verdes, y la perdió a propósito para convocar a nuevas elecciones y darle legitimación a su gobierno. Angela Merkel es Canciller desde septiembre de 2005.

El desgaste sufrido por el sector financiero ha hecho que muchas de las críticas se dirijan hacia el Gobierno conservador-liberal que “solamente favorece intereses comerciales”, lo cual evidentemente acaba por minar la autoridad de Merkel, quien desde su triunfo en las urnas en septiembre de 2009 ha visto disminuir sus porcentajes de aceptación bastante rápido, pues a un año de su elección, en la llamada “pregunta del domingo” la CDU llegaría al 32%, pero el socio de Merkel, los liberales del FDP, son quienes más puntos han perdido, contando actualmente con 5%. El crecimiento verdaderamente inesperado ha sido de los Verdes, pues este mes cuentan con el 20%, porcentaje que hasta ahora ningún partido pequeño había obtenido. En dicha encuesta que realiza mes con mes el Tageschau, los alemanes en general se muestran en contra del proyecto Stuttgart 21, el 54% considera que es un error, el 77% considera que se deben suspender los trabajos, mientras que el 76% tiene simpatía por los opositores. Al contrario, Angela Merkel no es apoyada, pues el 59% considera que el apoyo de la Canciller al Stuttgart 21 es equivocado. El 71% de los encuestados considera que la policía no debe intervenir.

La prueba que se presenta por un lado al Gobierno de Angela Merkel y a su partido, la CDU, es doble: por un lado, se encuentran los compromisos adquiridos con el proyecto tanto en Alemania, como en Europa, si se suspende, Merkel habrá fallado. Por otro lado, el gobierno de Mappus tendrá que lidiar con las protestas que cada día son más agresivas y con mayor número de personas, la represión del 30 de septiembre volcó las simpatías de la nación hacia los opositores, más allá de las ventajas del proyecto.

La prueba que se le presenta a la democracia es un verdadero dilema, por un lado los ciudadanos eligen a sus representantes precisamente para que sean ellos quienes tomen decisiones –informadas- en su representación; por el otro, están cientos de miles de ciudadanos que no están de acuerdo con la decisión de sus representantes y les piden claudicar. Si ceden a la opinión popular, tendrían que vulnerar las reglas del derecho y someter la decisión a un referéndum, con ello se pervierte el Estado de Derecho. Pero si claudican sin confirmar que un número mayoritario de ciudadanos está conscientemente en contra de la decisión, y suspenden los trabajos, la democracia constitucional habrá perdido, pues podría dar pie a que el día de mañana por medio de manifestaciones, se reviertan muchas decisiones impopulares tomadas en los parlamentos. La democracia representativa se encuentra en un callejón, habrá que encontrar la salida.

Mi opinión es que la decisión se tomó por medio de los procesos democráticos, respetando las reglas jurídicas, con la participación de los mismos ciudadanos por la vía del voto, se activó el sistema de pesos y contrapesos al participar gobierno y oposición en los tres niveles, así mismo han revisado las decisiones jueces de diversas instancias. La decisión es legal. En un Estado constitucional el Derecho ata de manos a la democracia, precisamente para que no sean las mayorías las que puedan revertir decisiones, para que sea un estado de leyes y no de hombres. Es la única garantía que tenemos. Sin embargo, el problema aquí es que se trata de una decisión que se tomó bajo otras condiciones económicas, de una decisión que se tomó hace 15 años y a la que hoy se oponen miles de jóvenes, de una decisión que no se ha ejecutado. Nos encontramos ante una trampa del Estado de Derecho. La pregunta del día es ¿Es posible modificar o revocar una decisión legal y democrática sin dañar el Estado democrático de Derecho? Ambas partes han demostrado una gran tozudez, el extremismo nunca ha sido aliado del diálogo y el compromiso. Angela Merkel, es su turno. ¿Qué va a hacer?

La información, en inglés, del proyecto Stuttgart 21 aquí. Acá una nota de la BBC.


Consultora jurídica Ombudsgay-i(dh)eas. Constitucionalista y ensayista. Autora del blog: Gera´s Place. Se ha dedicado principalmente a los temas relacionados con los derechos fundamentales y la teoría de la constitución. Ha sido profesora en el Instituto Nacional de Ciencias Penales, en la Universidad Anáhuac del Sur, Universidad Autónoma del Estado de México y en la Universidad Autónoma Benito Juárez. Actualmente realiza estudios de posgrado en Alemania. Twitter: @. geraldinagvh@googlemail.com

Ranking Semanal

Ranking Mensual

Ranking Anual

 

©Derechos Reservados 2009 - 2012. Gurú Político | ¡Sí sabe lo que dice!