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PVEM: La incongruencia entre lo “verde” y su constante ataque a los derechos humanos / Geraldina González de la Vega

lunes, 8 de noviembre de 2010

Los martes o miércoles de cada semana comienzo a darle vueltas al tema de mi “nota de lunes” y llevo ya varias semanas aplazando una acerca de una decisión del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que condena a Alemania a la liberación de “M.” “M.” cumplió con una condena de cinco años a partir de 1986 por intento de homicidio y robo, pero debido a su peligrosidad fue retenido por la vía de la “detención preventiva” desde 1991 hasta hace apenas unos meses. Esta sentencia es muy interesante por los efectos jurídicos y sociales que produce, pero otra vez México mágico me sorprende con una noticia que no puedo dejar de comentar. Se trata de una de esas inciativas al vapor que, de cara a las próximas elecciones, se le ocurren al Partido Verde Ecologista de México.

Resulta que el pasado 4 de noviembre, dos de sus diputados presentaron una inciativa para reformar el artículo 4to constitucional con la finalidad de “proteger” a los niños y niñas que puedan ser adoptados por parejas, casadas o no, integradas por personas del mismo sexo. La exposición de motivos hace eco de los argumentos contra esta figura que el Procurador usara en su acción de inconstitucionalidad presentada en enero de este año, misma que fue derrotada por una mayoría de 9 a 2 en la SCJN. Los “verdes” mexicanos presumen que las personas homosexuales son por su orientación sexual malos padres y que como no hay estudios que prueben lo contrario, entonces hay que reformar la Constitución para excluirlos de la posibilidad de formar una familia por medio de la adopción. En las sesiones que la Corte mexicana dedicó a este tema escuchamos argumentos para calificar como discriminatorio este discurso, pues se parte de una presunción que diferencia entre personas por su orientación sexual a partir de prejuicios y no de argumentos racionales y por tanto, les causa un perjuicio. Inclusive algunos ministros de la Corte se pronunciaron por no hacer uso para revisar la constitucionalidad de la reforma en el D.F., de los estudios sobre los efectos de la homosexualidad de un padre o madre en sus hijos, pues en todo caso, habrían de hacerse también, estudios a parejas heterosexuales. Se dijo también que ha sido demostrado en muchos países que es el entorno social el que, a través del rechazo, la discriminación y el abuso perpetrado contra los homosexuales y las familias homoparentales, daña a los niños, niñas y adolescentes. Y una de las formas de rechazo y discriminación viene, precisamente de funcionarios públicos y representantes que pretenden utilizar la vía jurídica para apuntalar esas diferencias que una sociedad plural aspira a eliminar. Los verdes pretenden que la Norma Superior mexicana diga que los homosexuales son diferentes, que no deben tener familias porque dañan el interés superior de los niños. Esto discrimina a la comunidad LGBTI, pero peor, discrimina, desde la norma constitucional, a los hijos y a las hijas de personas homosexuales. La norma los condenaría al rechazo y la exclusión, pues sus padres y madres por el sólo hecho de ser, los dañan. Me pregunto si los diputados Juan José Guerra Abud y Juan Carlos Natale López verdaderamente pensaron en los niños y niñas o simplemente se dejaron llevar por la repulsión que les provoca la diversidad sexual. ¿Y en este caso, el Conapred dónde está? Hasta el momento en que escribo esta nota, no he visto reacción alguna.

No es de llamar la atención que sea el Partido “Verde” el que presente este tipo de iniciativas, pues ya vimos hace un año cómo se utilizaron recursos públicos para convocar a debates sobre la re-instauración de la pena de muerte en México, a sabiendas de que esto sería contrario a los compromisos que México ha adquirido en materia de derechos humanos, amén del compromiso ético que implica que México se autonombre como un Estado constitucional. Sí, me refiero al mismo partido que lucró con la necesidad de millones de mexicanos prometiéndoles vales para medicinas y educación.

Para que un partido use uno de los apellidos comunes que escuchamos en el mundo occidental, debe, por lógica elemental y por principio ético, representar los principios básicos de la ideología que ese apellido representa. De esta forma sería un timo si un partido se hace llamar cristianodemócrata y resulta que es un partido que defiende el ateísmo; o que el partido laborista o del trabajo, apoyara intereses empresariales y los postulados más liberales de la economía de mercado; o que un partido socialdemócrata estuviera en contra de la seguridad social; o que un partido liberal apelara a las prohibiciones de tal o cual conducta por parte del Estado; que un partido republicano buscara imponer una monarquía; o, también, que un partido verde recibiera mordidas a cambio de autorizar el uso de suelo para desarrollos en zonas protegidas.

Los partidos verdes comenzaron a ocupar la escena política en la década de los setenta, cuando el mundo comenzó a cobrar conciencia de la importancia de cuidar el medio ambiente y los recursos naturales. Los más antigüos son los partidos de Tanzania y Nueva Zelanda. A pesar de que el Partido Verde alemán no fue el primero en ganar escaños en Europa, sí fue el más conocido gracias a su origen en las marchas del ’68 y a su importante papel en el proceso de reunificación alemana junto con la Alliance ’90. Los Grüne, como son conocidos en Alemania, representan una ideología ecologista, pacifista y anti-autoritaria. Hoy en día, para las elecciones a nivel europeo todos los partidos verdes se agrupan en el Partido Verde Europeo, parte de la Global Verde que une a todos los partidos de esta denominación del mundo.

Lo “verde” no se limita a la ecología, la ideología verde comprende varios temas que se han plasmado en la Carta Verde de la Tierra. La Carta es un compromiso que los partidos verdes adscritos a la Global adoptaron en el Congreso de Canberra en 2001 para llevar a cabo ciertos principios, sobre los que deberán basar su política. En ella se enumeran una serie de puntos de acción política que representan los llamados cuatro pilares de la política verde: sabiduría ecológica, justicia social, democracia participativa (Grassroots democracy) y la no violencia. Entonces, para que un movimiento o un partido pueda ostentar el apellido “verde” –sin defraudar a sus seguidores y electores- debe sustentar y defender estos principios, de otra forma nos están vendiendo gato por liebre.

El PVEM suscribió este documento a través de su representante, Natalia Escudero Barrera, quien fue a Canberra, también como representante de la Federación de Partidos Verdes de las Américas (FPVA). La incongruencia entre los principios de la política verde y el Partido Verde Ecologista de México salta a la vista, y fue por ello que ya en 2009 el Partido Verde Europeo repudió la campaña en favor de la pena de muerte que realizaba este partido y les retiró el reconocimiento como un partido perteneciente a la “familia verde”. El Partido Verde Europeo anunció que no volverá a invitar al PVEM a las reuniones de la Global Verde y rompió además con la FPVA, quien continúa apoyando a los verdes mexicanos, en un esfuerzo para presionar la expulsión de los verdes de González Martínez tanto de la Global, como de la FPVA. Asimismo, solicitó que la Global considere la expulsión de los mexicanos. El PVEM aparece todavía en la lista de partidos de la Global, sin embargo se desconoce si realmente se pretende expulsarles. Es de extrañarse que no lo hayan hecho aún, pues la política que representa este partido se encuentra en franca contradicción con la política verde. Esta nota no aborda el tema ecológico, pero no sobra decir que Greenpeace ha opinado en varias ocasiones que a los verdes mexicanos les interesa muy poco el tema.

En 2003, el TEPJF falló en contra del PVEM por considerar que sus estatutos violaban la Constitución al no cumplir con las reglas democráticas internas que deben respetar los partidos políticos. En 2001, vimos cómo González Torres heredaba la presidencia del partido a su hijito, el niño verde, quien hasta la fecha sigue al frente de esta institución, sin que haya posibilidad de disputarle el puesto ¡Ni quien se atreva! Y los que se atrevieron, fueron exhibidos como traidores y corruptos. Es una verdad que las candidaturas se reparten entre cuates y familiares, muchos de ellos sin tiempo para ser legisladores ni experiencia, mucho menos interés para ser representantes, pero sí para cobrar los altísimos sueldos que reciben nuestros “representantes”. Esto no sólo es un fraude al electorado, también es una afrenta a lo que ser verde significa, el principio democrático es uno de los pilares de la ideología verde, así como el rechazo al autoritarismo y la defensa de la democracia deliberativa. La gran mayoría de partidos verdes rechazan en su interior la existencia de un “jefe” y favorecen presidencias plurales (como la tripartita del verde alemán) y la descentralización. No veo por dónde los verdes mexicanos representen principios como estos contenidos en el punto 10 de la Carta: “Los Verdes adoptarán y pondrán en la práctica en sus propias organizaciones los principios democráticos que buscamos en la sociedad y actuarán como modelo de democracia participativa al interior de nuestras propias organizaciones a todos los niveles.”

Los partidos verdes, al menos en Europa, tradicionalmente se oponen a los grandes intereses y, como ya mencioné, favorecen la democracia participativa, pues consideran que es a los ciudadanos a quienes corresponde tomar las decisiones de acuerdo con lo que a ellos conviene y no de acuerdo con lo que a las grandes empresas más ingresos genera. Ver mi nota sobre Stuttgart. En México, los “verdes” favorecen los grandes intereses, no sólo vimos en 2004 a un niño verde amodorrado, casi dormido sobre una mesa, pero eso sí, sin soltar la “papa en la boca” –igual que como habla en Tribuna- siendo sobornado con 2 millones de dólares para permitir la construcción de una zona hotelera, que se había demostrado, afectaba gravemente la flora y fauna del lugar al destruir los manglares de la zona en Cancún. También, en 2009 el senador Arturo Escobar, fue sorprendido con un millón 100 mil pesos en efectivo en un aeropuerto, se especuló que sería “usado para las elecciones”. Y bueno, ¿por qué no? recientemente los primeros lugares en sus listas fueron ofrecidos a las televisoras para que tuvieran representantes defendiendo sus intereses en el Congreso, un claro ejemplo de esto lo fue cuando se abstuvieron de votar a favor de las acciones colectivas, con el pretexto de que podrían ser contraproducentes. Ahora el PVEM se le conoce como la "telebancada".

En 2009 los verdes en un ejercicio esquizofrénico para ganar votos, lanzaron su campaña a favor de la pena de muerte. Resultaba irritante ver y oir a los verdes pronunciarse a favor de esta sanción. Pero lo peor fue que se trataba de los mismos que en 2005 votaron a favor de la reforma al artículo 22 de la Constitución por medio del cual se eliminó definitivamente la pena de muerte en México, ahora contradecían su posicionamiento. Esta campaña les valió el repudio de los partidos verdes europeos y el rechazo de un gran sector de la sociedad que llamó a no votar por ellos e inclusive a removerles el registro. México es el país del “no pasa nada”. La iniciativa de reformar, de nuevo, la Constitución para volver a instaurar la pena de muerte y el discurso que el Verde desarrolló tras ella, daban muestra de su poco conocimiento constitucional, y su enorme desprecio a los derechos humanos y a los principios del Estado de Derecho. Lo anterior contradecía el principio 6.10 de la Carta, según el cual los verdes se comprometen a “demandar que la pena de muerte se abolida mundialmente.”

Pero ésta no fue la única muestra de su disposición de hacer fraude a la ley, lo fue también la flagrante violación a la ley electoral con la propaganda que hicieron a través de los actores Raúl Araiza y Maite Perroni. En un ejercicio verdaderamente tramposo, anunciaron los postulados de su partido por la vía de una revista de televisa, en donde supuestamente entrevistaban a estos dos actorzuelos y ellos contaban por qué votarían por los verdes: “porque están a favor de la pena de muerte, como yo.” En una conferencia de prensa Araiza confesó haber sido contratado y que ni votaría por los verdes ni estaba a favor de la pena de muerte.

Su falta de ética y congruencia política los ha llevado a aliarse con el PRD, con el PAN y con el PRI por igual, aunque, desafortunadamente este defecto hoy por hoy puede ser más bien entendido como una enfermedad endémica del sistema político mexicano, donde se compite por el poder por el poder y no para hacer política con base en una ideología. Aún así, el Verde lleva, desde su fundación en 1986 dando bandazos de izquierda a derecha, mostrando que en la derecha más conservadora es donde se sienten más cómodos. ¿Y cómo no? Si el niño verde y sus compinches se dan vida de jet set, o ¿acaso no se acuerdan del escándalo de las cuentas en Mónaco? ¿y las fiestas de Jorge Emilio pagadas con cargo al partido o al Senado? O cuando apartaban una mesa para los “legisladores verdes” en una discoteca de moda en Bosques de las Lomas. O la más linda: ¿no recuerdan su plantón con enormes tiendas de campaña casi casi con candiles, sacos de dormir, camisetas Lacoste verdes de uniforme y servicio de Catering tres veces al día? ¡Ah! y claro, se iban a duchar a su casa, digo, para no oler.... ¡ew! La verdad ni me acuerdo qué reclamaban.

La ideología verde defiende la igualdad y el feminismo, rechazan la disparidad social y la discriminación basada en clase, género, orientación sexual, etnicidad o cultura y representa una ideología igualitaria. El partido Verde mexicano ha burlado de forma reiterada, en varias legislaturas ya, las cuotas de género en las listas de candidatos para senadores o diputados. El caso de las “juanitas” contradice toda defensa de la equidad de género que representa la ideología verde en el mundo. En México, los verdes engañan al electorado y al IFE presentando listas con mujeres, quienes después renuncian a un cargo de elección popular, para dejar en su lugar a su suplente, hombre. No se ha escuchado a los verdes defender el derecho a decidir, mucho menos condenar la oleada contrareformista que tiene a cientos de mujeres en las cárceles de Guanajuato, Yucatán, Puebla por abortos sufridos. ¿Hay propuestas de los verdes a favor de la equidad de género? El PVEM se comprometió a: “respaldar el derecho de las mujeres de tomar sus propias decisiones, incluyendo el control de su fertilidad por los medios que ellas juzguen apropiados, libres de discriminación o coerción, y trabajarán para lograr que la Convención sobre la Eliminación de Discriminación Contra las Mujeres (CEDAW) sea ratificada, para remover las reservas, y para lograr que el Protocolo Optativo entre en vigencia.”

Los partidos verdes apoyan los derechos de los indígenas, la ideología verde representa a las culturas tradicionales y su derecho a la tierra y a conservar su cultura, su forma de caza y pesca, así como el uso sustentable de los recursos naturales. Las comisiones de medio ambiente en el Congreso, casi siempre presididas por los verdes, normalmente ignoran a los campesinos indígenas mexicanos que van a verles, a plantearles sus problemas, lo sé de primera mano. Desconozco el trabajo que hacen los verdes mexicanos en este rubro tan importante en México, donde los pueblos indígenas viven relegados al olvido. Jamás se han hecho campañas sobre el trabajo verde en reservas ecológicas o con pueblos indigenas, ¿alguien ha visto un anuncio espectacular sobre su trabajo en este rubro?

En la Carta Verde, los partidos verdes afirman que “la seguridad no debe descansar principalmente en la fuerza militar sino en la cooperación, desarrollo económico y social legítimo, la seguridad medioambiental y el respeto por los derechos humanos.” No he escuchado hasta ahora ningún posicionamiento ni iniciativa de los verdes mexicanos en este rubro y en relación con la llamada guerra contra el narco. El PVEM no se ha pronunciado sobre los informes de la CNDH sobre casos de violaciones a los derechos humanos por parte del ejército, ¿acaso han comentado las sentencias contra México de la Corte Interamericana? en fin, ¿Dónde están en el México de los 30mil muertos los verdes que defienden la política de no violencia?

Es de llamar la atención que los verdes mexicanos no hayan dicho nada a propósito del infame hallazgo de cadáveres de migrantes en el norte del país, a sabiendas además de que día a día los migrantes que pasan por el país son maltratados por las autoridades mexicanas o secuestrados por otros grupos.

Al sustentar una ideología igualitaria y defender la diversidad, la política verde del mundo defiende los derechos de la comunidad LGBTI. En Alemania la política LGBTI es impulsada por los verdes, lo mismo a nivel europeo. Los verdes mexicanos, no sólo no defienden la diversidad, sino que la atacan. En 2009 un candidato del PVEM a una alcaldía en Jalisco realizó comentarios ofensivos en contra de otro candidato homosexual, el PVEM no tomó ninguna medida. A pesar de que los verdes mexicanos se comprometieron en la Carta Verde a “demandar la descriminalización de la homosexualidad, y apoyar el derecho de la gente homosexual a su estilo de vida y derechos iguales para las relaciones homosexuales”, ahora en 2010 presentan una iniciativa para prohibir, desde la Constitución, la adopción por parte de parejas de personas homosexuales alegando el interés superior del niño. Ya he argumentado en contra de esta idea en este espacio (aquí y aquí), pero no sobra decir que la iniciativa no solamente es contraria al artículo 1° que prohíbe la discriminación, sino que contradice los compromisos internacionales en materia de derechos humanos. Hubiera sido deseable que los verdes leyeran la sentencia de la Corte mexicana que declara constitucional la reforma al Código Civil del D.F. recientemente publicada. Efectivamente la norma constitucional es jerárquicamente la más alta del sistema jurídico, y el poder reformador puede hacer este tipo de modificaciones, pues el artículo 135 no establece límites al poder de reforma. Sin embargo, no deben introducirse reformas contrarias al espíritu de la Constitución, esto es, la Constitución mexicana pretende no sólo ser un código de gobierno, sino un conjunto de principios y reglas que representan al constitucionalismo como una ideología que sustenta una serie de principios fuera de la disposición del poder revisor, que forman parte de una esfera de lo indecidible, entre ellos el principio de no discriminación. Modificarlos, como ya se ha hecho en otras ocasiones (el arraigo por ejemplo) implica minar el programa ético de una constitución democrática y lastimar su coherencia interna. Una reforma constitucional que limite un derecho o que haga una diferencia en el ejercicio de un derecho debería, en su caso, de estar racionalmente justificada y no basada en paranoias, prejuicios y ascos.

Si se es serio y congruente con lo que un Estado Constitucional implica, se debe rechazar esta iniciativa de reforma que tendría como único efecto, condenar a la diferencia, precisamente a quienes busca proteger: a los niños, niñas y adolescentes que viven en familias homoparentales o que son gays o lesbianas.

Resulta verdaderamente preocupante que esto sea la oposición en México. Mientras en otros países democráticos los partidos verdes luchan con tenacidad para colocar el tema del medio ambiente, la democracia y los derechos humanos en las agendas parlamentarias y de gobierno; en México los niños verdes, y los adultos que han sido tocados con la varita mágica de Jorge Emilio, se dedican a navegar –y cobrar- por las cámaras del Congreso General y los de los estados ostentándose como la 4ta fuerza política mexicana, aprovechando los temas más morbosos para instigar a los votantes y congraciarse con algunos votos para su socio en turno.

Llama la atención que “los Verdes” del mundo se comprometan a: “endosar la Declaración Universal de Derechos Humanos, el Pacto Internacional de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, el Convenio Internacional en Los Derechos civiles y Políticos, las convenciones de la organización internacional del trabajo (OIT), y otros instrumentos internacionales para la protección de derechos y libertades”, si pareciera que todo lo que hacen los verdes mexicanos es, precisamente, contrario a los derechos humanos.

Bien hizo Sergio Aguayo en denunciar las trampas, mentiras e incongruencias de los verdes mexicanos en la campaña de 2009 ante el IFE, lástima que desde 2006 el instituto insiste en pavimentar el camino de su total desprestigio.

Deseable sería que como los quesos o los licores, los partidos pudieran tener una certificación de origen, el PVEM podría entonces llamarse Partido Oportunista de México.


Consultora jurídica Ombudsgay-i(dh)eas. Constitucionalista y ensayista. Autora del blog: Gera´s Place. Se ha dedicado principalmente a los temas relacionados con los derechos fundamentales y la teoría de la constitución. Ha sido profesora en el Instituto Nacional de Ciencias Penales, en la Universidad Anáhuac del Sur, Universidad Autónoma del Estado de México y en la Universidad Autónoma Benito Juárez. Actualmente realiza estudios de posgrado en Alemania. Twitter: @. geraldinagvh@googlemail.com

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