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| Alejandro Juárez Zepeda Twitter: @androsocial |
A Daniel Gershenson y Jesús Robles Maloof, activistas comprometidos con los derechos humanos y la democracia participativa.
El proyecto Ombudsgay nace a finales del año pasado con la participación de un grupo de académicos y activistas que se propusieron aprovechar la ola generada por la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo en el Distrito Federal para reposicionar demandas y reivindicaciones del colectivo LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y trans) y buscar, mediante un activismo estratégico, incidir en el cambio social, legal e institucional de nuestro país.
La iniciativa se propuso transitar en dos vías que habían parecido antagónicas: por una parte, combinar los fundamentos del discurso que orienta la construcción de la ciudadanía tradicional bajo un enfoque universalista y, por la otra, agregar la visión que propone mecanismos de acción colectiva derivados de los nuevos movimientos sociales.
En este sentido, abogamos por la plena participación, la corresponsabilidad y el empoderamiento del colectivo LGBT. Esto lo lograríamos mediante el uso estratégico de las herramientas jurídicas (litigio de casos y uso de instituciones), así como generando alianzas con organizaciones nacionales e internacionales y haciendo una divulgación amplia del conocimiento científico-social más acabado respecto a este tema.
Las organizaciones de la sociedad civil en México existen en gran medida gracias a los apoyos gubernamentales y la ayuda internacional, tanto de agencias de cooperación como de fundaciones privadas. Desde el Plan Marshall hasta los nuevos consensos internacionales como los Objetivos de Desarrollo del Milenio, la cooperación internacional no ha seguido un curso lineal. El flujo de recursos se ha ido decidiendo en función de los actores, objetivos y temas que van surgiendo en la agenda internacional de desarrollo.
México empezó a figurar para los organismos internacionales de cooperación y las fundaciones privadas a partir del fraude electoral de 1988, cuando se comienza a cuestionar en el ámbito internacional la calidad de nuestra democracia y se hace eco de las distintas denuncias de violaciones a los derechos humanos. Entonces llegan recursos destinados a financiar iniciativas y proyectos orientados a erosionar el régimen autoritario priista y hacer posible la alternancia democrática.
Sin embargo, con el levantamiento zapatista de 1994, que evidenció el rezago indígena y dio lugar al movimiento altermundista, México vuelve a colocarse en las prioridades de financiamiento para las agencias de cooperación. Así se destina una gran cantidad de recursos a proyectos productivos y de desarrollo rural en Chiapas y otras localidades marginadas.
Esta época de bonanza llega a su fin con la alternancia democrática del 2000. Desde este momento, la ayuda internacional comienza a replegarse y se instala en otros países, como Bolivia, que es hoy uno de los que concentran más apoyo en Latinoamérica.
No obstante lo anterior, las causas y demandas del movimiento LGBT no han sido –ni en los 80’s, ni en los 90’s, ni en la actualidad– una prioridad, ya no digamos para las agencias de cooperación internacional o los gobiernos, sino para las organizaciones de derechos humanos en general.
A diferencia de movimientos como el de las mujeres, los grupos LGBT han estado excluidos también de las fuentes de financiamiento y la agenda de la sociedad civil nacional e internacional. Si han sobrevivido, ha sido casi exclusivamente a base de donaciones de particulares y de los fondos destinados a combatir la pandemia del Sida (lo cual, desde nuestro punto de vista, ha estigmatizado las reivindicaciones políticas, civiles, económicas, sociales y culturales del colectivo LGBT). Por otra parte, existe una clara ausencia de estrategias de sostenibilidad y autosustetabilidad entre las organizaciones de la sociedad civi.
En este contexto, el proyecto Ombudsgay ha resentido la escasez de financiamiento y la falta de recursos para continuar con sus actividades de defensa y promoción de los derechos humanos.
No obstante, los medios libres, como el internet (a través de twitter, facebook y los blogs), desde los cuales ha sido posible ganar cierta visibilidad y participar en los debates de interés público, han aportado bastante al desarrollo de iniciativas como la nuestra. Como señala Denis de Moraes: “las entidades se valen de internet mientras canal público de comunicación, libre de reglamentaciones y controles externos, para diseminar informaciones y análisis que contribuyan al fortalecimiento de la ciudadanía y la crítica de las hegemonías constituidas”.
En febrero pasado, se presentó uno de los primeros retos para el proyecto: el Procurador General de la República interponía una acción de inconstitucionalidad en contra de las reformas al Código Civil del Distrito Federal que ampliaban el derecho al contrato matrimonial a parejas del mismo sexo: era momento de reaccionar como la defensoría de derechos humanos del colectivo LGBT que aspirábamos a ser. De esta manera, nos propusimos contribuir al debate, mediante un documento de amicus curiae que presentaríamos al pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación defendiendo con argumentos jurídicos, pero también desde una posición multidisciplinaria, el derecho del colectivo LGBT al matrimonio y la adopción de niños y niñas.
Lo anterior no hubiera sido posible sin la existencia de twitter. A través de esta plataforma, hicimos contacto con un grupo de profesionales y expertos que, de muy buen grado, aceptaron colaborar pro bono en la redacción de esta opinión consultiva, bajo la coordinación del doctor José Luis Caballero (@JoseLCaballero). Quisiera aprovechar esta oportunidad para mencionar los nombres de todos ellos: Geraldina González de la Vega (@geraldinasplace); Leopoldo Gama (@pologama); Miguel Rábago Dorbecker (@mirado74); Alfredo Narvaez (@AlfredoNarvaez); Mario Santiago Juárez (@jurismario); Jimena Ávalos (@jimavalos), Lena Brena (@lenabrena), Lucía Raphael y Gerardo Mejía. De igual manera, el maestro Jaime Rochín del Rincón (@Jaimerochin), entonces director ejecutivo de seguimiento de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, jugó un papel fundamental desde la red social para articular la participación de la CDHDF en este proyecto. El documento de marras se entregó el 28 de junio de 2010 a la ponencia del ministro Sergio Valls Hernández.
En el ánimo de socializar este magnífico amicus curiae, así como los argumentos que se habían plasmado en él, un mes más tarde celebramos en la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) un foro sobre la constitucionalidad de las reformas que permitían el matrimonio entre personas del mismo sexo y la protección a las familias homoparentales. Nuevamente, twitter fue una plataforma de gran ayuda, no sólo para hacer contacto con los ponentes, organizar y convocar al evento (al que también se sumó el Programa por la Igualdad y No Discriminación de la CDHDF, a través de Mario Hernández (@fumador1717) y la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, representada en este caso por Raymundo Sandoval (@ray_sandoval), sino también para su difusión. Este foro se transmitió en vivo por Ustream y el sitio web de la CDHDF.
El proyecto Ombudsgay tiene actualmente su propia cuenta en twitter (@ombudsgay). A través de este canal se anuncian regularmente noticias y acciones relevantes para el colectivo LGBT en México y el mundo.
No obstante, en continuidad de nuestro proyecto y siguiendo con nuestro diagnóstico, ha sido evidente la necesidad de contar con indicadores confiables que nos permitan medir la magnitud de la homofobia en México para proponer políticas públicas que favorezcan la inclusión social del colectivo LGBT, así como algunas medidas emergentes y/o acciones afirmativas tendientes a corregir la desigualdad y discriminación que se ejerce sobre este grupo de población. Así pues, se propuso la creación del Observatorio Mexicano de la Homofobia (@omhomex).
Ante la falta de recursos para sostener el proyecto y vista la efectividad de internet como una plataforma para la defensa y promoción de los derechos humanos, estamos desarrollando una plataforma para captar denuncias por homofobia en todo el país. Este sistema, será presentado el 17 de mayo, Día Internacional contra la Homofobia, a los medios de comunicación y la sociedad en general. La plataforma permitirá captar y categorizar denuncias por discriminación, agresiones y/o violencia homofóbicas, y georreferenciar los reportes. El acceso a este sistema estará abierto a toda la población y podrá usarse mediante cualquier explorador de internet, por twitter o a través de mensajes SMS, lo que lo vuelve accesible, de bajo costo, difusión ilimitada y transmisión veloz.
En resumen, como señala Denis de Moraes: “dentro y fuera de Internet, diferentes organizaciones sociales promueven iniciativas y campañas contra la exclusión de grandes contingentes poblacionales de los beneficios del progreso. También reivindican la distribución social de la riqueza producida por el trabajo colectivo y, principalmente, políticas públicas que protejan el bien común y permitan una existencia más digna al conjunto de la población.
“Gracias a la plataforma digital, los llamados a la movilización social atropellan husos horarios y desconocen rejas de programación. Las distancias geográficas son atenuadas por instrumentos peculiares de interconexión, como correo electrónico, boletines y listas de discusión. Con esos recursos, los intercambios se tornan más rápidos y accesibles. [...]
“El compromiso con las causas sociales se manifiesta en campos de intereses diversificados (educación, salud, derechos humanos y laborales, ciudadanía, minorías y etnias, medio ambiente, ecología, desarrollo sustentable, defensa del consumidor, cooperativismo, vivienda, economía popular, reforma agraria, Sida, sexualidad, niños y adolescentes, religiones, combate al hambre, empleo, comunicación e información, arte y cultura). Pueden ser diferentes las metodologías de actuación (movimientos autónomos o redes), los horizontes estratégicos (corto, mediano y largo plazos) y la amplitud (internacional, nacional, regional o local). Esas variables, muchas veces, hacen convergir formas operativas y actividades.”
No obstante, si bien es cierto que la red ha venido a revolucionar la manera de formular demandas y reivindicaciones, la verdad es que no podemos sucumbir a la ilusión del internet como panacea del activismo y la transformación social.
En el caso particular de nuestro país, de acuerdo con Internet World Stats, solamente 30 millones de mexicanos tienen acceso a internet; es decir, el 27% de la población. Un estudio del Tec de Monterrey señala que el internet es una tecnología empleada por jóvenes en su mayoría, que va dejando fuera a personas de 40 años en adelante. Además, de acuerdo con el mismo estudio, la mayor parte de los usuarios utilizan esta plataforma sólo para checar su correo electrónico, chatear o hacer trabajos escolares; y únicamente el 32% accede a redes. Solamente para darnos cuenta de la diferencia en la penetración de los distintos medios de comunicación e información, según el IBOPE, el canal 2 de Televisa, con 194 repetidoras, llega a 16 millones de hogares; es decir, 83 millones de habitantes.
Citando nuevamente a De Moraes: “Los avances alcanzados por los organismos sociales en el campo de la comunicación virtual no deben, todavía, alimentar falsas ilusiones. Es necesario profundizar propuestas de comunicación electrónica y conciliarlas con las demandas del público. Además de eso, nos enfrentamos con un fenómeno al mismo tiempo veloz (debido a la expansión tecnológica) y lento (por cuenta de hábitos culturales y políticos ni siempre fáciles de actualizar).
Otro factor a considerar: los movimientos sociales no forman un todo armónico. La heterogeneidad de idearios, identidades y prácticas se refleja en usos y apropiaciones distintos de las herramientas comunicacionales. Por más que redes y colectivos virtuales aproximen y combinen líneas de intervención, no caracterizan, naturalmente, totalidades válidas en cualquier situación.
“No se trata, por lo tanto, de soñar con la perfección del mundo digital, habilitado a suplantar las corporaciones de medios, en el actual escenario de transnacionalización de las industrias de información y entretenimiento. No podemos menospreciar la fuerte ofensiva de los imperios de medios para fijar en internet sus mecanismos de dominio (audiencia, publicidad, contenido, influencia ideológica). Ni debemos ignorar la exclusión digital y el desfase tecnológico, que aún restringen el acceso a la web en los países periféricos. La universalización de los accesos a internet depende del desarrollo de la infraestructura física de la red y de una política tecnológica consecuente para el sistema de telecomunicaciones en general. La mayor parte de los accesos proviene de las clases medias y ricas.”
De acuerdo con Gianfranco Pasquino, en política existen cinco tipos de ciudadanos de acuerdo a su grado de participación. En internet los podemos identificar de la siguiente manera:
1) Los inactivos, que son aquellos que acceden a internet pero no participan en las redes sociales.
2) Los conformistas, que son aquellos que se encuentran dentro de las redes sociales como espectadores, pero no aportan al diálogo ni participan activamente en ellas.
3) Los reformistas, que son aquellos que utilizan las redes sociales para promover sus propuestas de cambios, difundir sus agendas, etc.
4) Los activistas, que son aquellos que utilizan las redes sociales para realizar acciones concretas a favor de ciudadanos o grupos de la sociedad civil; y
5) Los contestatarios, que son aquellos que utilizan estas plataformas sociales para expresar su descontento ya sea con lo establecido o con los posibles cambios al sistema.
Siempre tendrá que haber incentivos para mantener la participación política. En el caso de internet, la cosa no es diferente. Pasquino señala que existen tres tipos de incentivos para la participación política:
a) Recompensas tangibles o materiales, que son las menos comunes y solamente las gozan las elites políticas (aún en internet, existen grupos que se benefician materialmente por su participación política).
b) Incentivos de solidaridad que afectan el sentido de los miembros de la organización, que ocurren cuando se establecen vínculos entre personas o grupos afines, y éstos participan activamente motivados por esos lazos.
c) Recompensas intangibles o ideológicas, que tienen que ver con el posicionamiento dentro de la estructura o militancia de un partido político, ya que es común que algunos usuarios que participan activamente en las redes sociales sean militantes de algún partido político o partidarios de una ideología específica.
Como cualquier ciudadano que participa activamente en la política, una parte de los usuarios de internet busca influir de manera directa o indirecta en la toma de decisiones gubernamentales. Sin embargo, dado el bajo nivel de penetración social de esta tecnología, todavía estamos lejos de tener en el activismo por internet un factor de alto impacto para el cambio social.
Más allá, esta nueva forma de participación se ha topado, también, con que el sistema político en México es muy rígido y la inclusión de las nuevas formas de participación es muy lenta, además de las resistencias ya observadas por parte de los medios de comunicación tradicionales. Muchos actores políticos, incluyendo al propio Presidente, han tratado de incursionar en las redes sociales con resultados desastrosos. Parece que en México, el internet puede ser un buen instrumento para la participación política en las capas altas de la sociedad, es decir, aquellas que cuentan con acceso a esta tecnología, pero no ha sido muy efectivo en el tema de la inclusión ciudadana y la participación política de los movimientos de base.
El activismo por internet suele ser todavía una iniciativa de “lobos solitarios”, personas que comunican sus ideas, proponen pautas de organización y denuncian a las autoridades, pero sin una agenda establecida o una estrategia trazada, reaccionando, más bien a bote pronto, ante la coyuntura.
¿Qué ocurriría si existiese un mínimo de coordinación entre los distintos activistas digitales, bajo una misma causa y con objetivos compartidos? Desde el Ombudsgay hemos entendido que este es el reto que se nos presenta y nos toca enfrentar. Esperamos que este foro que hoy nos brinda El Gurú Político y que agradecemos profundamente, sea una oportunidad más para hacer germinar la acción coordinada entre personas que luchamos por un mundo más libre y equitativo.
Coordinador de comunicación del Instituto Mexicano de Investigación de Familia y Población, A.C.; y coordinador general de Ombudsgay. Fue director de comunicación de la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, A.C.; consultor de la Relatoría de Libertad de Expresión y Atención a Defensoras y Defensores de Derechos Humanos de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF); y director de comunicación en idheas, Litigio Estratégico en Derechos Humanos, A.C. Ha sido reportero investigador de The Washington Post. Twitter: @androsocial http://yoquieroyopuedo.mx http://ombudsgay.wordpress.com


