Luis Gutiérrez Esparza
Twitter: @lgutierreze
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El desmoronamiento del panismo empoderado tiene lugar en planos paralelos: el interno y el exterior. Los saldos, en ambos, serán sumamente onerosos para el país. El escenario más viable este año, es el de una derrota contundente del PAN y una posible victoria del PRI (donde Enrique Peña Nieto se ha fortalecido, logró frenar el impulso de las aspiraciones de Manlio Fabio Beltrones y parece haber alcanzado un consenso entre los gobernadores); sin perder de vista lo que a fin de cuentas logre hacer Andrés Manuel López Obrador, como caudillo mesiánico y dictador de la presunta izquierda.
La novedad política más interesante es, sin duda, la victoria de Josefina Vázquez Mota en las elecciones internas del PAN. Que un partido conservador, tradicionalista en el peor sentido de la palabra, atado a la infamia misógina del cristianismo y a una visión patriarcal y machista de la política, vaya a tener a una mujer como candidata a la Presidencia de la República, no es asunto menor.
En lo personal, aprecio a Josefina; tuve la oportunidad de trabajar con ella durante un corto periodo de tiempo en la Secretaría de Desarrollo Social, donde me parece que hizo un excelente papel; estoy convencido de la sinceridad de su visión social en las políticas públicas; y creo, en fin, que los panistas escogieron su mejor opción… o la menos mala.
Me explico: Josefina ha tenido algunos desaciertos lamentables, atribuibles, sin duda, al peso del cuerpo doctrinario panista y a su propia formación personal. Lo que me parece más lamentable, repudiable y objeto de una atención permanente, es su alianza con un exponente de las peores fuerzas de la derecha fascista española: el Partido Popular y, más en lo individual, el impresentable José María Aznar.
Tengo la certeza de que Josefina no ganará. La sigo apreciando y respetando, pero no la deseo como presidenta; no, desde luego, con el Yunque y el franquismo detrás de ella, como veneno que contamina su otrora lúcida visión de la política social que México realmente necesita.
Por lo demás, tanto el PRI como el PRD y algunos partidos bonsái, han coincidido en denunciar la improvisada, errática y perjudicial conducción política del gobierno de Felipe Calderón; y es evidente que las prometidas reformas --del Estado, del sector energético y fiscal-- no lograron concretarse, en buena medida por la incapacidad de operación política del Ejecutivo.
Paralelamente, es una opinión generalizada que desde 2000, la diplomacia mexicana carece de dirección y estrategia; y la política exterior, otrora un legítimo timbre de orgullo para México, se ha visto demeritada y desprestigiada por el panismo empoderado. No obstante, si bien la oposición ha censurado el trabajo internacional del gobierno calderonista, su atención, desde hace por lo menos un año, privilegia la carrera por la Presidencia.
El bajo perfil que mantiene la política exterior –un tema que virtualmente desconoce Vázquez Mota-- como parte del conjunto de reclamos ciudadanos, ha favorecido una actitud de laissez-faire que, a la larga, amenaza con perjudicar gravemente la efectiva promoción de los intereses de México. Durante décadas, la política exterior mexicana fue respetada en otros países por su continuidad programática.
Los principios enarbolados en el Artículo 89, Fracción X de la Constitución, otorgaban a la actividad internacional del país un carácter de seriedad y profesionalismo y perduraron como mapa de ruta, porque emanaban de la experiencia histórica y demostraron su adaptabilidad a los cambios en el entorno internacional.
Es cierto que durante décadas de régimen semiautoritario, la política exterior sirvió para apuntalar el proyecto político priísta, que fue en buena medida el que construyó el México moderno; pero no por esta razón es válido negar sus logros y prestigio. Sin embargo, Vicente Fox, convencido al respecto por Jorge G. Castañeda, advirtió en la victoria de 2000 una oportunidad para construir desde cero una política exterior novedosa que diferenciaría a su gobierno de los antecesores.
La estrategia ideada por Castañeda se resumía en dos ejes:
• La aceptación declarada de una alianza estratégica con Estados Unidos, que presuntamente permitiría al gobierno mexicano una más eficaz promoción de los intereses nacionales; y
• El fortalecimiento de un mayor activismo de México en los foros mundiales, en plena correspondencia con el tamaño y peso relativo del país.
Se pensó que la compatibilidad de perfiles entre Fox y George W. Bush, facilitaría el logro concreto de acuerdos, en particular uno migratorio, sumamente publicitado con insólita anticipación, que regularizaría la situación de miles de trabajadores mexicanos indocumentados en Estados Unidos.
Ya sabemos lo que ocurrió: las cabalgatas en los respectivos ranchos, el currículum de Fox como director de la Coca-Cola y el origen tejano de Bush, fueron insuficientes para consolidar la pretendida relación de amistad prioritaria. El desfase entre la nueva política exterior y los valores de la sociedad y, sobre todo, entre la primera y los valores de la clase política mexicana, se tradujo en una opinión pública que rechazó enérgicamente una mayor intervención del gobierno mexicano para apoyar a Estados Unidos en su pretendida lucha contra el terrorismo internacional.
Desde entonces y hasta la fecha, la gestión en materia internacional se ha caracterizado por la improvisación y la sucesión de ocurrencias, algunas francamente perniciosas para los intereses del país en el exterior. El panismo empoderado ha hecho sentir de inmediato su desdén por la tradición diplomática del país, al emprender una sistemática separación de los miembros de Servicio Exterior Mexicano (SEM) de puestos clave en la toma de decisiones.
Además, los improvisados timoneles de la política exterior, desconocedores ellos mismos de la historia de las relaciones internacionales del país, decidieron reducir el periodo de formación académica de los nuevos miembros del SEM en el Instituto Matías Romero a un solo mes, tiempo que juzgaron suficiente para que un diplomático mexicano se empape de todo el conocimiento necesario para ejercer su oficio.
Esta es una importante asignatura pendiente, que deberá ser atendida con urgencia prioritaria a partir del 1 de diciembre.
Periodista y escritor. Licenciado en Ciencias y Técnicas de la Comunicación por la Universidad del Valle de Atemajac, en Guadalajara, Jal. Ha sido reportero, jefe de sección, jefe de información, jefe de redacción, subdirector y director de diarios y revistas, así como colaborador y conductor de programas en radio y televisión, guionista, productor y director de videodocumentales. Enviado especial y corresponsal de guerra en más de 30 países. Editorialista de Excélsior. Presidente del Círculo Latinoamericanos de Estudios Internacionales (CLAEI). Más información: http://claei.org.mx

